jueves, 6 de marzo de 2014

El MEANDRO DE RANILLAS (ZARAGOZA).

Llega el Ebro a Zaragoza con un tortuoso meandro que recorre barrios periféricos de la ciudad antes de entrar en el centro de la capital.

Es el Meandro de Ranillas, abrazando una gran superficie de tierra en su margen izquierda que años atrás estaba en parte ocupada por huertas y que en los años previos al 2008 fueron transformadas para albergar la Expo Zaragoza 2008. Aunque se construyeron algunos edificios, gran parte de su superficie fue utilizada para crear un amplio parque, El Parque del Agua Luis Buñuel con zonas deportivas y de ocio integradas en el amplio recinto. En estas zonas podemos encontrar abundante fauna urbana, al igual que en otros parques de la ciudad, con la peculiaridad que en él se ha integrado un espléndido humedal, aunque artificial, ha quedado perfectamente naturalizado con la vegetación, en su mayoría carrizal, que cubre parte del gran entramado de canales, que recorren el parque a todo su largo.  Aunque no es este el único atractivo que el meandro nos ofrece, también el soto que a modo de franja más o menos estrecha acompaña por sus orillas al río, merece una visita. Se trata del soto original con su vegetación típica de ribera (chopos, álamos, sauces, zarzas, etc.), que sometido a las crecidas estacionales del Ebro quedan en ocasiones inundadas por sus aguas. De muy difícil tránsito, su espesa vegetación, hace que sea un lugar privilegiado para albergar un importante número de especies.




Vista parcial del Parque del agua, al fondo  se puede  observar tenuemente el Moncayo con su cumbre nevada, otra joya natural que la provincia de Zaragoza. comparte con tierras de Soria.



Podemos encontrar paneles informativos como este por todo el parque que nos indica la ubicación de sus instalaciones, pero no es ese el motivo principal por el cual muestro esta imagen, el motivo es que aquí se puede apreciar la forma del meandro y los canales que en su interior se han construido, siendo estos colonizados inmediatamente por infinidad de especies, se debe tener en cuenta, para hacerse una idea de su importancia,que el parque cuenta con nada menos que 120 hectáreas.




Lo que más llama la atención al entrar en el parque es que mucho antes de llegar a los canales de agua podemos encontrar a las gallinetas comunes (Gallinula choropus), como se ve en la foto muy alejadas de los espesos carrizos, tal es la cantidad de ejemplares  que cuando uno las observa desde lejos tiene la sensación de que en vez de gallinetas son gallinas domésticas rebuscando comida entre el césped del parque.



Resulta bastante fácil observar a las gallinetas de cerca sin que se asusten ni lo más mínimo.




La focha común (Fulica atra), de la familia de las rallidae al igual que la gallineta, aunque es menos abundante, podemos tener suerte y toparnos con una de ellas. Ese ejemplar permitió que me acercara a unos pocos centímetros de él  sin ningún temor, mostrando tanta curiosidad al verme como la que yo sentía al verlo a él.



Las anátidas también están presentes en él y aunque se pueden ver algunas especies de patos muy ocasionalmente, es el ánade azulón (Anas platyrhynchos) el más abundante de todas las aves acuáticas que habitan en el parque. Me pregunto si estos patos proceden de patos domésticos que posiblemente se han cruzado  con el silvestre, pues en otros cursos fluviales de Zaragoza los hay, con una diferencia, que las poblaciones de otros tramos urbanos que cruzan la ciudad, en un alto porcentaje tienen rasgos de origen doméstico, así pues existen ejemplares blancos, de diferentes colores o con plumajes mestizos, cosa que no ocurre con los patos del Parque del Agua, que conservan  el plumaje de las poblaciones silvestres, diferenciándose de estos tan solo en su carácter más dócil y tolerante con los visitantes del parque, pues permiten que nos acerquemos a pocos centímetros de ellos.



Con el pato criollo (Cairina moschata) a diferencia que con el ánade azulón, no existe ninguna duda de que su procedencia es de aves domésticas, pues el lugar de origen de esta anátida es América del Sur. Su población en el parque, de momento, es menos numerosa que la de otras aves.




Un pequeño grupo de cisnes vulgares (cygnus olor) introducidos adornan con su elegante porte las aguas de estos canales.



Las instalaciones de ocio como es este pequeño embarcadero son utilizadas por los cormoranes grandes (phalacrocorax carbo), donde se les puede contemplar mientras secan sus plumas al sol.



El pájaro moscón (Remiz pendulinus) muy común en estas riberas se puede observar entre los carrizos. Tiene la característica de hacer sus nidos en forma de bolsa colgados en las ramas de los árboles de ribera.



Aunque no es el carrizo el hábitat preferido del gorrión molinero (Passer montanus) entre ellos se siente muy a gusto.



También la lavandera blanca es otro paseriforme que frecuenta el parque.



En los últimos años la gaviota patiamarilla (Larus michahellis) ha aumentado su población considerablemente hasta el punto que en el año 2011 se localizó un nido con tres pollos en las instalaciones del parque. En ocasiones se concentran en tal cantidad  sobre los edificios que rodean el parque que da la sensación de estar en una ciudad costera.



Vistas todas estas especies que son las más frecuentes en este Parque del Agua, me gustaría destacar la perfecta armonía que hay entre las especies que los habitan y los visitantes, puesto que en unos pocos años que lleva el parque abierto se han conseguido poblaciones estables con una conducta importante respecto a la tolerancia que tienen al hombre. Gracias a estos cambios se las puede observar muy de cerca, sin jaulas ni barrotes de por medio. Sin duda algunas estos cambios de comportamiento han sido debidos a que cada vez somos más cívicos y respetuosos con nuestro entorno. 
No sucede lo mismo en el soto natural que rodea el meandro, donde las especies que lo habitan siguen desconfiando del hombre, resultando más difícil su observación.



La espesa vegetación del soto (izquierda) separa el parque del río, formada por una gran variedad de especies vegetales alberga a aves y mamíferos como el zorro, el tejón, conejos o roedores aunque estos últimos, de hábitos nocturnos, son más difíciles de observar.



A lo largo del recorrido del soto encontraremos paneles informativos, donde nos informan de las especies vegetales como animales que lo habitan.



Con suerte, sigilo y paciencia podremos ver alguna ardeida, como esta garcilla bueyera entre la espesa vegetación y que no es la única especie de  garza que transita por esta zona, pues garzas reales, garcetas y alguna otra son relativamente frecuentes   aunque al contrario que las otras aves que habitan el parque, estas evitan en lo posible la cercanía del hombre.



El soto está sometido a las crecidas que se producen en el Ebro, inundándose temporalmente y cambiando su aspecto.





El Pabellón puente, quizás sea la frontera que divide el meandro del tramo más central y urbano del Ebro, pero ese ya es otro tema.

jueves, 20 de febrero de 2014

HÁBITOS INVERNALES DE LAS AVES

Si diéramos marcha atrás una, dos o quizás tres décadas y nos pusiéramos a observar la fauna de estos años pasados, enseguida  nos daríamos cuenta de que las aves que pasan con nosotros el invierno nada tienen que ver con las que lo pasan en los tiempos actuales.
Está claro que a lo largo de la historia de las especies, sus formas y, por supuesto, también sus hábitos han cambiado para conquistar, expandirse y adaptarse a nuevos  espacios.
Para alguien como yo que descubrí la naturaleza de manos de las historias  y refranes que oía contar a mis abuelos y a la gente mayor del medio rural, y posiblemente aprendidas a su vez de sus abuelos. En las que describían una avifauna  claramente emigrante, sedentaria o invernal, me resulta sorprendente el brusco cambio de los hábitos de las aves, que seguro  se han producido desde siempre, pero de una manera paulatina y tan lenta que  era imperceptible para el hombre.

Detrás de estos cambios sin duda alguna esta la mano del hombre, que con sus actividades ha cambiado  considerablemente el entorno. Entre las causas se apunta al cambio climático, a la abundancia de recursos que encuentra la fauna en los basureros y que entra a formar parte de la cadena alimenticia de numerosas especies, también cierto cambio en las actividades industriales y agrícolas pueden influir.



En el norte de la Península así como en lugares montañosos de gran altitud (en la imagen sierra turolense), los hábitos de las aves apenas han cambiado. En estos parajes, incluso las aves sedentarias realizan pequeños desplazamientos hacia zonas más bajas y abrigas cuando las condiciones atmosféricas son desfavorables.



Pájaros tan pequeños y con una dieta principalmente insectívora como las currucas cabecinegras (Sylvia melanocephala) permanecen fieles a sus territorios durante todo el año. Es sorprendente su metabolismo, que a pesar de pesar unos pocos gramos son capaces de mantener constante su temperatura corporal durante los fríos invernales, obteniendo las calorías que necesita de los escasos insectos generalmente en estado de pupa, también a veces larvas y adultos, que encuentra entre las ramas y cortezas de árboles y arbustos o en el suelo, complementando su dieta con las poca bayas que han quedado del otoño.



Lavandera blanca caminando sobre la lámina de hielo de un estanque artificial. Cuando se dan las circunstancias  que además de que la nieve lo cubre todo y las aguas superficiales se hielan, impidiendo el acceso no solo al alimento, sino también al agua en estado líquido, es en estos casos cuando las aves sedentarias se ven obligadas a realizar pequeños desplazamientos a lugares ligeramente más abrigados. Si son sorprendidos en medio de un temporal con condiciones  extremas y prolongadas en el tiempo muchos de estos pequeños pajarillos morirán.



Las lavanderas blancas  sedentarias e invernantes, llamadas también en muchas de nuestras regiones pajaritas de las nieves, nombre que se les daba porque años atrás  hacían acto de presencia cuando en el norte y centro de Europa se producían duros temporales. Su presencia se asociaba a bajadas de temperatura y fuertes nevadas.
En los últimos años sus hábitos han cambiado, siendo abundante y muy frecuente en las ciudades todo el año, durante el día se las puede ver solas o en grupos de unos pocos individuos buscando comida. A la puesta del Sol se reúnen en grupos más o menos numerosos para dirigirse a sus dormideros.



Las lavanderas cascadeñas, más ligadas al agua y más solitarias suelen permanecer fieles durante el invierno a cualquier curso de agua por pequeño que sea, hasta la llegada de la primavera, momento en que formará pareja y construirá su nido en torno al medio acuático.



El herrerillo común, aunque es sedentario,  en invierno es cuando más se deja ver.



Otro párido  al igual que el herrerillo también es sedentario y que podemos ver en invierno es el carbonero. Es frecuente que estos pájaros visiten los comederos artificiales que durante la estación fría se colocan en jardines y ventanas, hábito que podemos aprovechar para observarlos de cerca.



Durante el periodo invernal es frecuente que la población de petirrojos aumente debido a que a los nacidos en estas tierras se les sumen ejemplares del norte de Europa, amante de los arbustos con maleza espesa, se le puede ver en salir de ella en sus rápidos y cortos vuelos para atrapar algún insecto, para inmediatamente después refugiarse de nuevo entre la vegetación. Como vimos en un tema anterior (En la base de la pirámide ecológica) también aprovecha algunas bayas  y se acerca a comer, junto a otros pájaros, las olivas que producen los olivos de los parques. En torno a estos olivos se pueden congregar uno pocos individuos, aunque sin formar un grupo, pues lo normal es que apenas se toleren unos a otros.



En invierno los pinzones vulgares son abundantes y fáciles de ver que en la época de cría, pues recibimos grandes bandadas de ellos, sobre todo en años en que se producen olas de grandes fríos en Europa. Aunque el ejemplar de la foto está rodeado de una importante escarcha, seguro que estas condiciones medio ambientales son mejores que las gélidas regiones del norte de Europa.




Sobre estos almendros una bandada de escribanos al anochecer. También los fringílidos, gorriones y otros pájaros forman bandadas en las cuales se integran, ocasionalmente, ejemplares de varias especies, que permanecerán juntos hasta que se fornen las nuevas parejas en primavera. Mantenerse cohesionados les ofrece ventajas a la hora de buscar comida y defenderse de posibles predadores.






Para comprobar los cambios en las costumbres migratorias de aves, que mejor ejemplo que este mapa que aparece en una guía editada en 1983, y que durante muchos años la he considerado muy fiable. Es de la distribución de la abubilla, el  color rojo nos indica su área de nidificación, mientras que la estrecha franja azul, que corresponde aproximadamente con las Cordilleras Béticas y Penibética, sería su área de invernada.






En muchas de nuestras regiones el canto de la abubilla anunciaba el final de las fuertes heladas y era utilizado por muchos agricultores como referencia para iniciar el trasplante de algunas hortalizas sensibles al frío.
El ejemplar de esta imagen fue fotografiado a finales del mes de noviembre, en la periferia de la ciudad de Zaragoza. Durante todo el mes de diciembre en la misma zona se le pudo observar (doy por hecho que era el mismo ejemplar), no es un caso aislado, ni ninguna sorpresa para los ornitólogos que al parecer ya llevan algunos años viendo  este tipo de comportamientos en estas y otras aves.








Hay un refrán que dice “por San Blas la cigüeña verás, y si no la vieres año de nieves” este refrán hacía referencia al hábito emigrante de la cigüeña, siendo una de las primeras aves en llegar a sus territorios de cría, puesto que llegaban aproximadamente el 3 de febrero, día de San Blas y que tan sólo impedía su llegada para estas fechas los fuertes temporales de nieve.
Tan sólo hace falta darse un paseo en pleno invierno por aquellos lugares donde abunde  la cigüeña para darse cuenta de que aquellos  refranes ya no sirven en la actualidad. Esta cigüeña fue fotografiada en un frío día de intensa niebla de mes de diciembre y temperaturas con temperaturas negativas, lo que nos demuestra que no es el frío la principal causa de que las aves emigren (exceptuando fuerte temporales extremos), sino la falta de recursos, lo que las impulsa a emprender sus viajes.

Todas estos datos son una pequeña muestra de mis observaciones, hechas en mi tiempo libre, podría haber ampliado el tema mucho más, hablando de otra muchas especies que aparecen ocasionalmente durante los invierno, bien de paso o bien se establecen aquí durante algunos días o incluso meses, como pueden ser rapaces o aves pelágicas que aparecen en pequeños cursos de agua. También en mis ocasionales paseos por el campo he podido oír el canto de la codorniz en pleno invierno aunque jamás he podido fotografiar a ningún  individuo, aunque la presencia de estos ejemplares al parecer tienen una dudosa procedencia, puesto que se especula con la posibilidad que sean ejemplares procedentes de la suelta de individuos con fines cinegéticos o incluso de la  hibridación de estos con ejemplares salvajes. No obstante estos temas son sumamente complejos para un naturalista aficionado, por lo tanto  dejaremos que sean biólogos, ornitólogos y demás científicos afines a estos temas, que con sus trabajos de anillamiento y seguimiento de ciertos ejemplares portadores de GPS nos aporten datos asombrosos. Aunque tengo que lamentar que faltan medios para difundir  estos complejos estudios.




viernes, 7 de febrero de 2014

LA HIEDRA (Hedera helix) A contracorriente.

Si pasamos junto una hiedra durante la primavera o verano, poco o nada nos llamará la atención puesto que apenas contrasta con el color verde de otras plantas. Si pasamos junto a ella en invierno quizás destaque sobre el resto de las plantas que la rodean, pues a diferencia de muchas de ellas la hiedra conserva sus hojas verdes durante todo el año incluido el invierno. Pero es en el otoño cuando esta planta destaca sobre todas las demás, puesto que florece durante los meses de septiembre y octubre, justo cuando ninguna planta lo hace, excepto pequeñas plantas de porte herbáceo que aprovechan las suaves temperaturas otoñales para ultimar su ciclo reproductivo antes de que lleguen los fríos invernales.
Es pues una planta con un gran interés ecológico, no pasando desapercibida durante su floración, ya que a su alrededor se congregan infinidad de insectos, llegando a ser tan alta su concentración que hace que en su mayoría abejas choquen contra nuestros cuerpos al pasar por caminos bordeados de hiedras.
Pertenece a la familia de las araliaceae, y como otras muchas plantas se ha utilizado con fines medicinales, posiblemente exagerando sus propiedades curativas, aunque al parecer algunas partes de ella tienen  propiedades expectorantes y beneficiosas para el aparto respiratorio. También se ha utilizado para usos externos en forma de decocciones o cataplasmas, aplicadas sobre la piel.

 El único uso que yo he visto que se le haya dado a sus hojas es de callicida, aunque hace tiempo de eso creo  recodar que su  uso era efectivo. En cuanto al uso interno de esta planta dudo que  hoy en día se le  dé, al menos sin prescripción de un especialista, puesto que es tóxica.  





La hiedra es una planta trepadora que se adhiere a las paredes, subiendo por ellas en busca de la luz. Es curioso que presenta dos formas, como se ve en la imagen mientras escala por las paredes sus hojas presentan lóbulos, cuando la hiedra no encuentra soporte al que agarrarse toma forma de arbusto con tallos más consistentes y sus hojas pierden sus lóbulos, siendo sus bordes lisos, es en esta parte donde aparecen las flores y posteriormente sus frutos.



Cuando no encuentra paredes de piedra hechas por el hombre, las paredes de roca le sirven de soporte. Se puede observar que sus tallos pueden convertirse en gruesos troncos.




 También es frecuente que se aferre al tronco de los árboles, trepando por ellos para alcanzar la luz del Sol. Con el paso del tiempo la hiedra va prosperando mientras que el árbol se va asfixiado hasta que muere.



En los primeros meses del otoño,  cuando apenas quedan flores en el campo pero abundan las hiedras,  las abejas encuentran una inagotable fuente de alimento para llenar su colmena de miel.



Además de abejas, la abundante floración de la hiedra atrae a cientos o quizás miles de  insectos de diferentes especies, como avispas, moscas, tábanos y algunos de tan singular belleza como el que se ve en la imagen.



Sus verdes frutos en forma de baya, que van engordando a lo largo del otoño.




Las bayas alcanzan la madurez a principios del invierno tomando un color morado negruzco, en este momento es cuando son más apetecibles para las aves, a las que no afecta su toxicidad. Si bien al principio del otoño su polen y néctar ofrecía alimento a  los insectos, cuando las flores escaseaban, ahora sus bayas alimentan a las aves justo cuando los frutos otoñales se han agotado.



 Pero los cierto es que su valor ecológico no acaba, en la producción de flores y bayas cuando ninguna otra especie vegetal lo hace, sino que además sus hojas perennes ofrecen un tupido refugio durante el invierno a gran cantidad de aves, y sobre todo cuando  forma grandes masas vegetales.





Los tallos trepadores no reproductivos poseen unas raicillas capaces de adherirse a cualquier soporte.



Las paredes de piedra son uno de los soportes más favorecedores para la hiedra. Las raíces de sus tallos se aferran a sus rugosidades  e introduciéndose entre piedra y piedra. son capaces a través de sus juntas   de traspasar el muro invadiendo su cara opuesta.








Existen variedades ornamentales, traídas en ocasiones de lugares muy lejanos que adornan parques y jardines, la de la foto tiene el borde de las hojas blancas, mientras que el centro conserva el intenso color verde.




Otras  variedades de hiedra, también utilizadas con fines ornamentales, tienen hábitos rastreros, siendo capaces, si se les deja, de cubrir grandes superficies de tierra.





jueves, 23 de enero de 2014

EN LA BASE DE LA PIRAMIDE ECOLÓGICA URBANA

Como ya vimos en una entrada anterior, Fauna Urbana, hay gran cantidad de especies que habitan los parques, jardines, hileras de árboles en las largas avenidas y un sinfín de pequeños y grandes ecosistemas que en las ciudades hemos creado.
 Se dice que todas estas especies, generalmente aves, se acomodan en las ciudades porque encuentran protección frente a los depredadores, más escasos en estos medios urbanos. Pero no solo necesitan estar seguras frente a sus depredadores, sino que además necesitan una fuente de alimento.
El ciudadano que pasa día tras día por las aceras o el que circula con su coche por las asfaltadas calles puede pensar que la ciudad apenas ofrece recursos para abastecer a un buen número de especies.

Aunque las ciudades estén cubiertas de asfalto y edificios, tenemos importantes zonas verdes cubiertas la mayor parte de césped, que aunque nos resulte bonito, agradable y nos dé la sensación de una ciudad más ecológica, puedo decir, que no es precisamente un ejemplo de ecología, pues el césped ornamental está compuesto de unas determinadas variedades de gramíneas  sumamente exigentes que necesitan para su manutención una  cantidad de agua desmesurada y también abundante  abono químico rico en nitrógeno. Aun así es de  donde se alimentan algunas especies de aves e insectos.

 Las cotorras argentinas, unas de las aves que se alimentas de las flores y semillas que proliferan en los prados artificiales de las ciudades, aunque también otras aves como palomas torcaces, tórtolas turcas, todos los fringílidos y otras aves aprovechan las hojas y sobre todo sus semillas.






Pero los grandes protagonistas como productores, sin duda son los árboles y arbustos. Algunos de ellos propios de nuestras regiones y utilizados en la agricultura desde hace siglos como es el caso del olivo que se ha convertido en árbol ornamental en muchas de nuestras ciudades, por ejemplo en Zaragoza, donde he realizado este trabajo.  También se han plantado especies silvícolas como son pinos, abetos, álamos, chopos y un largo etc…  se han introducido especies traídas de lejanos sitios y se han seleccionado e hibridado otras con el objetivo de crear ejemplares más ornamentales. Todas ellas contribuyen en mayor o menor medida a mantener la fauna de nuestras ciudades.





Entre los arbustos el espino de fuego, con una abundante floración en primavera, que atrae a numerosos insectos, produce posteriormente un sinfín de pequeños frutos.



Las bayas del espino de fuego constituyen un buen alimento para diversas aves como las tórtolas turcas, gorriones, zorzales, mirlos y aves insectívoras que durante los meses de otoño e invierno, cuando escasean los insectos encuentran un suplemento alimenticio en los frutos de diversas especies vegetales.






Entre las cupresaceas las tuyas (del género Thuja) dan abundantes frutos repletos de semillas, al igual que sus parientes cercanos, los cipreses.




Los verderones (Carduelis choris) con sus fuertes picos son capaces de extraer las semillas de sus conos, romper su cáscara y acceder al interior de las protegidas semillas.



 Los gorriones rebuscan las semillas caídas al suelo.




Las ornamentales palmeras originarias de climas más cálidos se han adaptado a algunas de nuestras ciudades contribuyendo con sus frutos a alimentar a algunas especies.



El aparentemente inútil dátil de las ornamentales palmeras es aprovechado por las oportunistas cotorras, que comen la escasa pulpa que rodea la semilla. En ocasiones se congregan en grandes grupos en torno a estos árboles.



Uno de  los árboles  que aporta gran cantidad de alimento es el olivo. En Zaragoza ocupa gran parte de sus zonas verdes. Cultivado en esta zona desde haces muchísimo tiempo y muy bien adaptado al duro clima mediterráneo, encuentra unas condiciones óptimas en parques y jardines.



Las mimadas condiciones que a los olivos se les da en los parques, da como resultado una abundante cosecha de olivas que son aprovechadas por numerosas aves, las palomas torcaces las arrancan directamente del olivo tragándolas enteras.



Este hábito alimenticio da como resultado encontrar numerosos huesos de oliva  bajo los posaderos y dormideros de las torcaces. En la imagen los excrementos de paloma torcaz (palomina) entremezclados con los huesos sin digerir, que seguramente habrán conservado su poder germinativo a pesar de haber estado sometidos a los ácidos jugos gástricos.




Las olivas que las torcaces y otras aves de gran tamaño no consumen directamente del olivo, caen al suelo una vez maduras, acumulándose en grandes cantidades sirviendo de alimento a pájaros más pequeños como el gorrión común,  el pinzón vulgar y a otros con dietas insectívoras que encuentran en la oleaginosa pulpa de la oliva una alternativa a la escasez de insectos en periodos invernales.



El aligustre que puede tener porte arbóreo como el de la imagen o arbustivo formando setos, está cercanamente emparentado con el olivo, pues ambas especies pertenecen a la familia de las oleaceae. Su abundante floración que  inunda el aire de un aroma característico dará en otoño multitud de frutos.



El  fruto del aligustre, tóxico para los humanos, resulta un excelente alimento para el verderón, fringílido con robusto pico que es capaz de comer sus bayas y también acceder a la semilla protegida por una cáscara.




Bajo los aligustres se pueden encontrar los envoltorios de las semillas, después de que pájaros como el verderón, las hayan descascarillado con su pico.




Las torcaces a diferencia de los verderones tragan el fruto entero, además lo empiezan a consumir a mediados del mes de octubre, cuando todavía está verde.




¿¡Como no iban a estar presentes las cotorras argentinas en este banquete!?




Estas pocas semillas que aquí muestro, es tan sólo una mínima muestra de los cientos o quizás miles que se encontraron en la  terraza de una vivienda deshabitada, situada junto a un parque donde abundaban los aligustres, fueron los estorninos los encargados de trasladarlas hasta allí, tragadas sus bayas, digerida su pulpa y excretada su semillas manchando con el característico color morado suelo y barandilla de la terraza, la lluvia se encargo de limpiar los restos fecales dejando las semillas totalmente limpias, el viento las acumulo en grandes cantidades en los rincones de la terraza.


Estas observaciones han sido realizadas en la ciudad de Zaragoza, con unas determinadas especies vegetales ornamentales que en ellas se dan, en otras ciudades con distinta climatología, habrá especies diferente como madroños, mirtos, agracejos etc. En este caso serán los frutos de estas especies los que conformaran la base de la pirámide ecológica urbana.